CARRERA DEL CSIC: LOS ORÍGENES

CARRERA EN LA RESIDENCIA DE ESTUDIANTES ........ OCHENTA AÑOS DESPUÉS
Por Carlos Cisneros

Cuando este octubre se escuche el disparo que dé la salida a la XXVI edición de la Carrera Internacional del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, algunos miraremos hacia atrás en nuestra historia reciente y recordaremos las mañanas otoñales en la calle de Serrano unidas al esfuerzo gustoso de recorrer diez kilómetros entre amigos, la nostalgia de nuestra mejor marca o días en los que no nos fue tan bien.

Otros, ya veteranos, hablaremos de las primeras ediciones en la Casa de Campo como auténticas batallitas de abuelos adorantes...

Pero el túnel del tiempo va más allá, y la carrera del CSIC esconde un ancestro lejano, una carrera “cross-country” celebrada en 1925 que formó parte del concurso atlético de la Residencia de Estudiantes. Han pasado ochenta años y unos esforzados discípulos de las ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza recorrieron 3000 metros por los lugares donde celebramos hoy la prueba. Si lo denominaron cross se debe a la orografía del terreno de entonces, y razón tenían aunque hoy nos cueste creerlo. Dejemos que sea Rafael Alberti el que nos describa el lugar llamado “Los Altos del Hipódromo”.

<< Enclavados entre madreselvas piadosas, vigiladas por largos chopos tembladores, hundido el ancho pie el canalillo de Lozoya... y al fondo entre caminillos primaverales; la serranía sola, azul el Guadarrama ya sin nieve...>>

Así que por esas descampadas tierras y con atuendos “Carros de Fuego” reflejo de su tiempo, no más de treinta improvisados atletas, jóvenes y con gran espíritu deportivo, tomaron la salida y ... ganó Tomás Rodríguez. El resto de la crónica la dejaremos al albedrío de la imaginación, al igual que el público que presenció la prueba; quizá Federico García Lorca, Salvador Dalí o Luis Buñuel, éste último gran aficionado a la práctica del boxeo.

Ahora, por esos parajes reina el asfalto, y los edificios de cristal y aluminio ocultan el horizonte donde antaño se veía la sierra madrileña. Y hasta allí sólo llegaba un tranvía; desde él se lanzaban en marcha los residentes hasta que se puso una parada y éstos seguían saltando desde el tranvía para acceder a aquellos parajes entonces lejanos del centro de Madrid.

Hoy, todo tan distinto, ochenta años después, celebramos las 25 primeras carreras del CSIC, pero algunos corredores lo haremos pensando en aquellos 30 primeros jóvenes que se atrevieron a participar y a los que más tarde la historia de nuestro país no les deparó el futuro prometedor que debieron merecer. Les guardaremos este pequeño y merecido espacio en el atletismo popular, incluyendo a Tomás Rodríguez en el cuadro de honor de ganadores.